Domingo por la mañana

Si uno quiere encontrarse a alguien en un pequeño pueblo, sobre todo en uno de esos algo perdidos en los caminos polvorientos, hay un día en la semana y dos lugares que aseguran el éxito: el domingo en la misa de once y en la plaza luego de esta.

Lorenzo estuvo preparándose desde el sábado a la noche cuando acomodó su mejor ropa. Por su parte, la señora García estuvo toda la tarde del sábado acicalando a Paca: sabía que quien fuera que hubiera enviado la caja azul con el broche, estaría ese domingo junto con todos los habitantes del pueblo. En vano trató de ensortijar el cabello negro de Paca enrollándolo por mechas con trapos que anudaba al ras del nacimiento, pero ese pelo era tan lacio que apenas si logró unas tenues ondas en las puntas que amenazaban con desaparecer, así que decidió recogérselo. Le puso el mejor de los vestidos que tenía, en un tono verde seco que realzaba el verde claro de sus ojos y, por supuesto, como puerta al nacimiento de sus pechos generosos, colocó el broche de plata, para que el pretendiente misterioso supiera el interés que despertaba.
El domingo, un cuarto antes de las once, ya la capilla estaba prácticamente llena. Era curioso observar cómo en las catedrales más lujosas e imponentes y en las capillas más humildes iguales a esta (de adobe blanqueado con modestos y simples bancos de madera sin lijar) se repetía el rito de la ubicación de los fieles con la misma distribución, emulando un ejercicio estadístico. Parecía que cada quien sabía el lugar que le correspondía como si fuera una herencia de casta: los más miserables, aunque llegaban temprano, se ubicaban en los fondos y las periferias, mirando casi con temor los primeros lugares más cercanos al altar que jamás se animarían a ocupar, ya que pertenecían a “los señores”. Lorenzo, sabiendo esto, entró casi desafiante sin agachar la cabeza cuando se persignó en la pequeña pila de agua bendita erigida en el fondo, y con la barbilla en alto avanzó por el pasillo central sentándose justo en uno de los bancos de adelante, para escándalo silencioso y murmullo disimulado de los que no lo conocían aún y apenas si lo habían visto por el pueblo.
La Señora García, como tenía claro su objetivo, prefirió llegar cuando faltaran unos minutos para dar inicio, de tal forma que ya estuviera lleno cuando ella y Paca entraran dirigiéndose hacia el tercer banco de la derecha que ocupaba siempre. Carmen desde temprano se había marchado de la casa así evitaba el circo que se estaba montando, fue por su cuenta a la capilla y cuando llegaron su amiga y su patrona, ya estaba parada entre la gente del fondo. No veía diferencia alguna entre la vida que habían dejado atrás y esta especie de oferta solapada que estaba haciendo la señora García de su amiga, lo peor es que Paca de verdad se creía pura, y aún no habían podido hablar como corresponde, pues para terminar de acapararla, la Señora García la había instalado en una habitación dentro de la casa.
La misa transcurrió como era usual: larga y monótona. Lorenzo tomó la comunión a pesar de que no se había confesado (con franco asombro del sacerdote quien si bien no le negó el sacramento, lo miró con el ceño fruncido), total que él no estaba ahí para complacer al cura en su regodeo con las miserias ajenas, Dios sabía sus pecados, y a Él y solo a Él le pedía perdón. Cuando volvió a su lugar, en vez de arrodillarse y enterrar la frente entre las manos entrelazadas como todo el mundo, aunque sí sobre sus rodillas, paseó descaradamente su vista por la cola de feligreses que esperaban recibir el Cuerpo de Cristo en sus bocas de la mano del cura en busca de Carmen. Cuando la divisó, esperó a que recibiera la ostia, observó su camino de regreso y sin esperar que terminara el resto, salió de su lugar (provocando más murmullos de desaprobación entre los que lo circundaban) fue hacia la puerta de salida a esperar que ella estuviera libre de ese lugar con olor a incienso y a flores, es decir olor a muertos, para él.
La salida tenía algo de algarabía de fiesta que constrataba con la compunción y solemnidad previa. Las gentes se contorneaban risueñas, se prodigaban comentarios halagadores, se ponían al corriente de los chismes de la semana y los que esperaban verse, se buscaban con la mirada. La Señora García había desarrollado una extraordinaria vista panorámica para ver qué caballero posaba sus ojos en Paca y la verdad es que esta era una difícil tarea pues muchos eran los que la miraban, algunos con más disimulo que otros. Aprovechaba la ocasión para introducirla a los conocidos y la presentaba como “una amiga de la familia que la ayudaba a ella y su marido en el negocio”.
Ya bajo los rayos del sol, todos se amontonaban en la plaza, bajo las sombras de los eucaliptus algunos, dando pasos bajo los rayos del sol otros. Todos se miraban y se mostraban, que para eso se ponían las mejores ropas. Paca y su mentora daban la segunda vuelta a la plaza esperando que se acercara el interesado y Carmen enfilaba para la casa cuando la interceptó Lorenzo con un “buenos días”.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Carmen Montiel, Lorenzo Pereda, Paca Nuñez. Guarda el enlace permanente.

10 respuestas a Domingo por la mañana

  1. Concha Huerta dijo:

    Que buena ambientación. Me imagino perfectamente en esa capilla cargada de feligreses junto a esa joven ansiosa por descubrir a un admirador secreto.. Sigue por favor… Un saludo

  2. eduard dijo:

    Esa Misa del Domingo, remota pero en un rincón de la memoria todavía, esa congregación donde todo cabía siempre y cuando no se perdiera el decoro y la buena educación.
    Donde la hipocresía se vestía con corbata y se paseaba entre los feligreses pidiendo para los pobres.
    Ese confesor en la penumbra, los pecados de la semana, los malos pensamientos…
    Ese vino, ese pan, ese cuerpo de cristo, colgado y en cruz.
    Solterones, carabinas, monaguillos, sacristías, que sociedad más atroz.
    Que descripción más perfecta, que pulcritud del detalle, con perfume incorporado y todo.

    Un abrazo
    Edu

    • Tus palabras se me suman a la historia, la redondean y completan. Dudé si poner o no la escena porque es común, pero es que no no hay cómo contar una historia sin esta escena que está en todos lados desde hace siglos y siglos, siempre repetida hasta el infinito. Es tan presente y con tanto peso que no hay como obviarla! Un fuerte abrazo!

  3. chrieseli dijo:

    Una escena típica que has pintado con lujo de detalles. Estoy a la espera que sorprendas con la identidad del pretendiente y se desate el quilombo.
    Un gran abrazo

  4. Ernesto dijo:

    Me has hecho revivir aquellas misas de domingo, que abandoné enseguida por mi descrédito pero que permanecen grabadas en mi memoria. Consigues recrear perfectamente aquel ambiente, y por unos momentos me he vuelto a encontrar inmerso en él.
    Me uno al clamor por querer saber más, conocer al pretendiente, ver las reacciones de Carmen, por la continuación de esta historia que me tiene atrapado.

    Un besazo.

    • Nadie por más que se haya retirado de la práctica puede olvidarse de esos ritos!, nos marcan de una forma o de otra, estan pegados a nuestros recuerdos.
      Creo que irán reaccionando como puedan, “como les de el cuero”, solemos decir por acá. Un beso enorme Ernesto y gracias por pasarte siempre.

  5. annefatosme dijo:

    Tu descripción de la misa y sus rituales podría valer para la iglesia del pueblo normando donde veraneo. Me ha hecho gracia. Dibujas muy bien los personajes, la señora Garcia me cae fatal, Paca me da pena, Carmen se perfila llena de misterio. En cuanto al novio ya veremos que sorpresas nos depara en el próximo capítulo.
    Un abrazo y al ataque,

    • La fe católica es casi universal y sus virtudes y defectos se calcan en el resto del mundo. Nadie puede escapar de sus mandatos, pues siempre está en todos lados tan presente y protagonista como el pan de cada día.
      Es un gran aliento saber que los personajes se van entendiendo, despertando algún tipo de sentimiento…gracias por tus palabras que me orientan y un ABRAZOTE!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s