Aspaviento

Lorenzo seguía inspeccionando artículos, simulando estar atento a los detalles de lo que tenía que comprar. Había entrado al almacén buscando proveerse de los artículos que necesitaba, pero también buscando encontrarse los ojos de gata de la mujer que había visto la otra noche en el bar y el encontrarla allí le provocó una repentina torpeza que controlaba cuanto podía. Seguir leyendo

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Inicios de cambios

La virtud había hecho el camino inverso en la vida de Paca y nunca como hasta ese entonces había emanado el aire de pureza que se respiraba cerca de ella. Era como si la falta de ruido en sus tripas y la concurrencia devota a las misas de los domingos con un velo de encaje más blanco que su piel, la hubieran transformado en un ser dócil y casi frágil, que nada tenía que envidiarle a las muchachitas de las buenas familias de por ahí. Seguir leyendo

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Empleadas de almacén

Carmen y Paca vivían en una habitación de adobe en los fondos del patio de los dueños del almacén del caserío sin nombre aún. Se habían subido al tren al otro día de llegar al puerto y habían bajado en la última parada cuando casi nadie quedaba a bordo y el maquinista bajó con maleta y todo.Varios días habían estado viajando en ese tren, durmiendo en los asientos de madera y usándose de almohada mutuamente, comprando un poco de comida de contrabando al mozo del vagón comedor. Seguir leyendo

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Hilando un destino

Cuando uno está parado en medio de la nada con la vista fija en lo lejos del horizonte, percibe la libertad abriéndose camino desde adentro de sus pulmones. El corazón y el alma se expanden fundidos en todo lo que esa inmensidad llana abarca y se llenan de un sentimiento indescriptible y sano de sentirse alguna vez: el egocentrismo y la grandeza de ser el único alma humana entre nuestros pies y el horizonte mezclado con la finitud e insignificancia de comprobar lo pequeño que se es frente a la salvaje llanura que nos invita a entrar. Seguir leyendo

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Viéndose dueño

Cuando por la ventanilla del tren deja de verse el verde copando la tierra, y el aire pesado y dulzón ya no tiene olor a rocío uno sabe que pasó la frontera natural de la pampa húmeda y se encuentra ya en la agreste Patagonia. Las variedades de verde y marrón que confluían cambian sin avisar a los ocres grisaceos desprendiendose del suelo por los aires con el viento prepotente y polvoriento. La Patagonia por el lado del mar entraña la belleza hostil de los desiertos, donde cada indicio de vida reconfirma el milagro de la supervivencia. Seguir leyendo

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La vieja Buenos Aires II

El mundo se ve, se huele distinto cuando uno se sabe dueño. Hay un halo de grandeza que se expande en torno a uno conforme la nariz huele desde más alto. Los ojos comienzan a mirar desde arriba hacia abajo en vez de en sentido contrario, los hombros se expanden al máximo como ondeando el secreto al viento y los pies pizan con el peso extra que confiere creerse el porvenir asegurado. Seguir leyendo

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La vieja Buenos Aires I

El hombre moreno, de abundante pelo negro, grueso y enrulado bajó del primer vagón del tren y el andén lo recibió entre las brumas que aún despedía la locomotora avasallante e imponente como un ser mitológico y sobrenatural. “Increíble lo que estos ingleses pueden construir en medio de la nada, cuánto les debe a ellos estas tierras”, Seguir leyendo

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